Comunicarse y compartir

J. Fernando García Gutiérrez.
Página profesional.
 CURSOS
VII. 2

Además, para continuar profundizando en el aprendizaje comunicativo es conveniente tener en cuenta:

     La comunicación, tanto en el aula como en la vida cotidiana, no se limita a los intercambios orales. Hay comunicación cuando leemos el editorial de un periódico, una carta del banco, una notificación del Ayuntamiento..., cuando escribimos una nota para comunicar el contenido de una llamada telefónica importante a quien vive con nosotros, o cuando escribimos una carta o una postal a un amigo, etc., o cuando escuchamos la radio, o una intervención en el Parlamento, etc. Con frecuencia, las destrezas se presentan de forma combinada: podemos estar escuchando una intervención y tomando notas, o escuchando y leyendo la proyección de un conferenciante.

     Fuera del aula siempre usamos la lengua para conseguir algún propósito. La mayoría de los libros de texto modernos presentan nociones y funciones: obtener información, presentar, pedir disculpas, etc. Pero el uso de la lengua en el mundo externo al aula no se detiene ahí: obtenemos información porque la necesitamos para algo, presentamos a un amigo en relación con una situación determinada, pedimos disculpas porque hemos perjudicado a alguien. Esto quiere decir:

   Que toda actividad lingüística está orientada por el interés que nos guía al realizarla, por lo que antes de exponernos a un texto (oral o escrito) tenemos una idea previa de lo que queremos (una intención), y cuando nos enfrentamos a él lo hacemos con unas estrategias de búsqueda y de atención.

    Que una vez obtenida la información no nos la guardamos simplemente en la cabeza, nos servimos de ella en nuestros esfuerzos posteriores para conseguir un propósito.

     Se aprende a hablar una lengua, hablándola; no tanto hablando de sus contenidos y estructura. La comunicación en el aula no está garantizada por la utilización de programas y materiales que hayan sido concebidos sobre la base de unidades nocional-funcionales. Los contenidos de los programas (gramatical, fonético, de vocabulario, etc.) son sistemas estáticos, pero la comunicación es un proceso dinámico. Para asimilar los contenidos podemos hablar sobre ellos, estudiarlos y practicarlos; pero para desarrollar la comunicación es necesario ejercitarla. Los contenidos forman parte de nuestros conocimientos; la comunicación se relaciona con nuestras capacidades. Se dio un gran avance cambiando en los programas los contenidos lingüísticos (especialmente estructuras gramaticales) por los contenidos nociofuncionales que permiten a los alumnos relacionar las formas de la lengua con la comunicación; pero por sí mismas éstos no son procesos de comunicación. Esos procesos encuentran su medio ideal en la realización de las tareas.