Comunicarse y compartir

J. Fernando García Gutiérrez.
Página profesional.
 CURSOS
El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas.
Una oportunidad para la renovación pedagógica.

5.4.



Habitualmente, antes de entrar en el tema de la evaluación, doy este escrito de un alumno para que se corrija. Con frecuencia, el impulso corrector hace que se comience a corregir desde la primera palabra, tachando con rojo, y escribiendo lo correcto al lado. Con lo que el producto tiene visualmente bastante que ver con un campo de amapolas. Cuando el alumno recibe el correjido escrito "amapolado", lo normal como persona con sentimientos, es que se sienta machacado-a, porque prácticamente no quedaría ninguna palabra del texto sin corregir. Y nustro esmerado trabajo de corrección no habrá servido para nada, si nuestra pretensión era enseñar algo al alumno.

Sin embargo, si nos tomamos la molestia de leer el texto desactivando el afán corrector, y atendiendo sólo a lo que se nos está comunicando, el alumno no sólo ha conseguido brillar en su afán comunicativo, sino que se permite filosofar sobre la vida, expresarse afectivamente, adornarse con citas culturales, además de lograr con pleno acierto el propósito de la actividad que se propuso para trabajar los tiempos pasados en español, menester que ha logrado con impresionante éxito.

A los profesores no nos pagan por ni para juzgar a personas. Y a veces, quizás sin darnos cuenta, lo hacemos. Evaluar no es exactamente juzgar. En el ámbito pedagógico la evaluación debe tener siempre la pretensión de ayudar en el proceso de aprendizaje, nunca de obstaculizarlo.

Todas las listas de descriptores de dominio del Marco están redactados en términos de capacitación ("Soy capaz de ..."), porque evidentemente lo que deberíamos evaluar son los logros, no los errores.  Lo que nos lleva a plantearnos cuál es el papel del error en los procesos de aprendizaje.

Los seres humanos aprenden siempre por el procedimiento científico de prueba y error. La existencia misma del error demuestra que hay un proceso de aprendizaje activo. El error no es un fracaso, sino la única escalera humana hacia el éxito. Se prueban opciones y mediante errores construimos el éxito. La obsesión por el error es una de las actitudes más impías con la naturaleza humana que conozco.

La evaluación del alumnado en entornos educativos debe ser naturalmente formativa, debe contribuir a los principios y finalidades generales de la vida en las aulas: la formación. Igualmente debe cumplir con tres principios técnicos irrenunciables: debe ser válida, fiable y viable. (Ver Marco, p. 177 y siguientes).

AUTOEVALUACIÓN.

Por otra parte, tanto el Marco como especialmente el Portfolio insisten en la estrategia de la autoevaluación. No se está hablando de que la nota va a ponerla el alumno, el profesor tiene sus misiones, y el alumnado las suyas, pero es imposible asumir responsabilidades sin capacidades autocríticas. Si todas las decisiones importantes están en otras manos, uno no puede asumir la responsabilidad, la tienen otros.  Es fundamental que uno sepa lo que sabe y lo que no para ser verdaderamente uno mismo. Sin una destreza autoevaluadora se camina cojo por el mundo.

EVALUACIÓN ENTRE IGUALES.

Con frecuencia, en las metodologías actuales, se funciona con agrupamientos flexibles de alumnos procurando entornos conversacionales lo más auténticos posibles. En esos contextos, el aprendizaje cooperativo surge espontáneamente, el que sabe algo que los demás no saben lo aporta y lo enseña. Recordemos que el que enseña a otros aprende un 70 %, enseñar es una fértil estrategia para aprender bien.